jueves, 22 de enero de 2009

Urgente la educación para las familias

Leyendo el comentarario de Carlos , algo desesperanzador, y no es para menos en mi anterior post, y después de los hechos acaecidos ayer, a mi mente acuden algunas reflexiones:

Estuve comprando en una "mediana" superficie comercial, tengo un nuevo termómetro: la observación de las niñas y niños en los centros comerciales, es increible el resultado de su medición.

Ayer sólo me crucé con tres niños: los tres lloraban.

Una era muy pequeña, iba en el asiento posterior del carrito de la compra, quizá no tenia ni un año, es evidente que algo queria y no lo conseguía, es igual, felicidades al padre en este caso: es mejor que llore e ignorarla.

El otro tendria tres años, iba dentro del carro, de pie, lloraba y lloraba. La madre cogió un huevo de chocolate y le dijo: pero sólo te compro éste. Claro, calló ipso facto.
El tercero también iba dentro del carro de la compra, también de pie y también lloraba, esta vez no sé por qué, aunque iba como un rey, conducido por su madre.

Vamos, que el 100% de los niños que encontré ( y es posible que no hubiera más en el centro ) los tres lloraban.

Me pregunto: ¿es que una madre no sabe que si consiente a los lloros de un niño por un huevo de chocolate va aprender que las cosas se consiguen llorando?

Por favor: señoras y señores del Ministerio de Educación o del Bienestar Social: curso obligatorio para las personas que deseen tener hijos o personas que decidan hacerse cargo de ellos. Estoy por abrir un grupo en Facebook para solicitarlo.

Otro dia en el mismo supermercado una madre vaciaba los productos de la compra en la cinta transportadora de la caja, tenia el carro a rebosar, su hijo de doce o trece años yacia junto al él , inerte, congelado, petrificado.

No pude evitar decirle: -Venga !, ayuda a tu madre, ¿no ves que tiene mucho trabajo?.

No se movió, lo peor no fue eso: la madre consintió, dijo: es que está cansado, y un señor añadió: pobrecito es que se va a cansar. El joven por supuesto no se movió. Suerte tuve que no me enviaron a la m.....

Pero no puedo entenderlo, me parecen hechos cotidianos devastastadores, al igual que una catástrofe natural, un conflicto bélico o un terrorista armado hasta los dientes. La única diferencia, para mi, es que no salen en las notícias y los gobiernos, ¿se ocupan?

Y aún tengo historias más fuertes para contar, sólo hay que observar los sitios donde hay niños.

Por favor, que alguien haga algo !!.

Algo tenemos que hacer.

7 comentarios:

Chelucana dijo...

L@s profesores piensan que hay que educar a las familias, las familias creen que necesitan asesores para educar a sus hijos, porque "ya no saben cómo hacerlo". Pscólogos, pedagogos y otros expertos escriben libros para familias (cientos de libros se editan cada año cargados de recetas y consejos). La prensa se hace eco de estas y aquellas tendencias, y todos hablamos de padres helicóptero, padres de hijos horizontales, hijos llavero, hijos bajo presión, hijos estresados, hijos tiranos,...

Nunca antes la educación de niños y niñas ha estado más sometida al juicio de expertos, sus vidas más programadas, organizadas y dirigidas por adultos, sus conductas analizadas, castigadas y premiadas... Mientras dejamos de observar, aprender y dar respuesta a su espontánea y natural forma de ser.

¿Alguien está dispuesto a devolver las riendas, y la confianza, a las familias sobre la educación de sus hijos e hijas?

A veces, un cambio de enfoque, puede hacer que nos preguntemos quién es el manipulado y quién el manipulador, quién es la víctima y quién el verdugo. ¿De dónde nace la violencia en nuestra sociedad? ¿Somos capaces de reconocer que nuestro hijo es buena persona?

Un abrazo, Pilar

Carlos dijo...

La violencia es un acto más inmaduro e infantil que cualquier otra cosa. La violencia es un recurso, salida fácil o incluso entretenimiento sádico. Puede ser muchas cosas más claro, incluso arte en ciertos contextos.
Pero a lo que voy: La sociedad existe hoy infantilizada(como decían los situacionistas del mayo francés), vivimos en un parque de atracciones, en un supermercado de luces y colores, y es una sociedad violenta, pero una sociedad violenta y violentada no es una sociedad para la infancia. Suena contradictorio pero es de una lógica aplastante. La infancia no tiene lugar en una sociedad infantilizada.
Me mantengo en el más rotundo pesimismo, esto será (probablemente) un sálvese quien pueda. Pero ser pesimista no es ser derrotista, que conste.
Saludos

Pilar Soro Mateos dijo...

Hola Chelucana,

Sí claro, nuestros hijos son muy buenas personas . Soy madre de dos adolescentes, por mi han pasado centenares de niños y niñas, y creo que los padres son el primer agente educador. También vienen con sus genes, también el ambiente, la sociedad, etc....pero hay que saber algunas cosas básicas. No hacer caso a un niño cuando quiere algo y le dices que no y sigue llorando creo que es una demostración de cariño, no es necesario gritarle, ni enfadarse ni mucho menos pegarle. Pero tiene que ir aprendiendo que no siempre va a tener todo aquello que quiere, tiene que saber lo que es la frustración , a convivir con un NO, sinó despues será peor. Pienso que se estan creando verdaderos tiranos, ególatras, que un dia serán adultos, y eso está pasando en muchas familias. Más que antes. Es mi punto de vista.

Conozco familias con hijos adolescentes que montan verdaderos pollos cuando se les dice NO, a su madre y a su padre. Familias que los hijos no hablan a sus madres, que las castigan con el silencio y hasta malos tratos, por que creen que no reciben o no han recibido lo suficiente.

Un abrazo

Chelucana dijo...

Pilar, no hablo de negar o no un huevo Kinder que, por otra parte, me parece nutricionalmente inapropiado y potencialmente peligroso en niños tan pequeños.

Admito que mi punto de vista no goza de mucha popularidad. Tampoco tengo claras muchas cosas y dudo de bastantes, pero creo que sé algunas cosas básicas. No hacer caso a un bebé (de apenas un año, según dices) o niño pequeño (tres años) cuando llora es una muestra de indiferencia, de desprecio, de abandono, no de cariño. Tan violento como gritarle, enfadarse o pegarle.

Ignorar el llanto o la pena de un adulto ante la pérdida de un ser querido, por ejemplo, y no consolarle, no prestarle apoyo emocional o decirle que debe aprender a tolerar la frustración y que, por más que llore esa persona querida no va a volver, que es mejor que lo acepte cuanto antes porque si no va a ser peor, es de mala educación.

¿Crees que ese adulto, igual que el bebé de un año o el niño de tres años, entenderá que lo hacemos por su bien?

El llanto de un niño es insoportable para cualquier adulto. La naturaleza así lo tiene previsto, para que el bebé sea atendido tan pronto como sea posible. Atender el llanto, consolarle, cogerle en brazos, calmarle no es lo mismo que callarle con un huevo de chocolate.

La seguridad que le proporcionan las personas con las que está vinculado emocionalmente le permitirá establecer relaciones satisfactorias y de confianza como adulto. Para que un bebé o niño pequeño adquiera independencia, ha de ser dependiente primero y superar esa etapa evolutiva por sí mismo, sin forzarla.

También observo a niños pequeños a la salida del colegio. También puedo imaginar la historia de esos niños en el supermercado. Sus p/madres han salido del trabajo con el tiempo justo, apenas si han comido. Van a buscarles al colegio. El niño de tres años, somnoliento y agotado por la amplia jornada se abraza a su madre, pide brazos, trata de recuperar el tiempo, la carencia de ella. Su mamá le dice que no, que ya es mayor para caminar solo, (tal como le han dicho en la Escuela de Padres y ha leído en el último éxito editorial "Evita criar a un tirano"). Le insta a que se dé prisa. La madre piensa en todo lo que falta por hacer (comprar, recoger al mayor de las extraescolares, llegar a cosa, guardar compra, deberes, baño, cena,...) mientras tira del pequeño y camina a paso ligero. En el supermercado el pequeño recorre pacientemente cada pasillo, le gustaría dormirse, pero tantas luces y objetos le excitan más y más, quiere bajar del carro, pero está cansado, empieza a sentir hambre. Su mamá apenas advierte sus signos de cansancio pues solo mira a un lado y otro del lineal. Se inquieta. Sigue esperando. No aguanta más. Grita. Vuelve a gritar, pero su mamá no parece escuchar. Llora. Su madre no lo coge, tiene que terminar la compra. Además, no quiere malacostumbrarle. Ya es un niño grande. (O al menos eso dice el libro "El rey de la casa") El niño llora cada vez más fuerte. La madre empieza a inquietarse. ¿Qué pensará la gente? Se pregunta. Pasa al lado de los huevos kinder y señala con su dedito. Su mamá accede. Sabe que lo está haciendo fatal(se lo dijo su vecina que lo leyó en "Si cedes una vez le echarás a perder"). Se siente culpable pero piensa que al menos con eso se callará y podrá terminar de comprar o llegará tarde a recoger al mayor. Fin de la historia.

Carlos, estoy de acuerdo contigo. Se ha montado un negocio global entorno a la infancia, que da mucho dinero. Padres y madres consumimos y adquirimos productos y servicios para suplir con objetos y juegos lúdicos la carencia de tiempo y la habilidad para criar y educar. Lo que no se practica se olvida y acabamos cada noche frente a unos hijos que nos son desconocidos.

Existen culturas no centradas en la infancia que, sin embargo, desconocen lo que es el llanto de un niño. Sus madres les portan en la espalda mientras cosechan, muelen el mijo o cargan leña. Sólo satisfacen las necesidades de sus hijos cuando son reclamadas, pero no dejan de atenderles ni se separan un instante. Cuando empiezan a gatear, estos bebés juegan y quedan al cuidado ocasional de niños mayores, mientras la madre vigila próxima pero sigue con sus tareas cotidianas. ¿Curiosas diferencias, no?

Temo que me excedí :-( Mis disculpas y otro abrazo ;-)

Pilar Soro Mateos dijo...

Apreciada Chelucana, hace 17 años pensaba como tú.

Casi durante dos años no dormí por las noches amamantando a mi primera hija. La segunda fue algo diferente.

Al salir de la escuela con tres años sí las cogía en brazos algunas veces, y ahora lo volvería a hacer, pero no por costubre.

Hay que distinguir cuando el llanto de un niño es por estrategia o por dolor, sentimeinto, cansancio...

No me sirve el ejemplo que me das sobre la muerte de una persona, por supuesto se la consuela el tiempo necesario (ya se que no dices lo contrario).

La característica principal del ser humano en estos tiempos es la del "probrecito yo". La pena de los otros es la de nosotros mismos.

Una vez una niña de siete años en mi clase, quince dias después de empezar el curso, se puso como loca a llorar, patalenado y chillando porque había cambiado a todos de sitio y ella no queria el que le habia tocado. Ni siquiera me pidió que la cambiara por favor, montó una pataleta que se oía en la clase más lejana. Lo que pasa es que a mi me deja fria, y no me molestan los llantos de los niños cuando no hay motivo, intenté calmarla, por supesto, pero no servia de nada. Así es que la ignoré por completo, también pedí a los niños que hicieran lo mismo ( y que bien lo saben hacer, saben de que va).

A la media hora ella sola se calmó. Luego resultó ser una de las mejores alumnas. Pienso que vió que conmigo eso no resultaba, en casa posiblemente sí.

He visto muchos niños de tres años pegar a sus madres...

Sobre el huevo kinder no pienses que es mejor comer lechuga del supermercado, con la de pesticidas que llevan...

Dices: No hacer caso a un bebé (de apenas un año, según dices) o niño pequeño (tres años) cuando llora es una muestra de indiferencia, de desprecio, de abandono, no de cariño. Tan violento como gritarle, enfadarse o pegarle.

Para nada lo veo como tú, hay que distinguir el tipo de llanto. Y te aseguro que los que se producen en la caja del supermercado son fruto de una mala educación.

Un abrazo.

Pilar

Chelucana dijo...

Pilar, entonces esperaré hasta dentro de 17 años para comentar nuevamente esta entrada :-)

¡Vaya! ¡Creí que en lo del huevo kinder estábamos de acuerdo! :-))

He visto que hablas en uno de tus post del libro de Elías, Tobias y Friedlander "Educar con Inteligencia Emocional". Un libro muy interesante y recomendable, sin duda. En él hablan de cómo enseñar a los hijos/as a expresar sus sentimientos, identificarlos y ponerles nombre, como paso previo al aprendizaje del autocontrol emocional y el autodominio. En esa misma línea, me gusta el de Faber y Mazlish "Cómo hablar para que sus hijos escuchen y como escuchar para que sus hijos hablen". Práctico, conciso y ameno.

¿Ves? ¡Si hasta leemos lo mismo! :-)

Pilar Soro Mateos dijo...

Hola,
Le he preguntado a mis hijas cuántos huevos Kinder les he comprado en su vida, me han dicho que seguro que no más de 10.

Saludos,

Plar

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